
Ayer al llegar a casa después de un día con harto ajetreo en la U, revisamos con Carolina el Skype y habían 6 mensajes de mi familia (mi hermano, mi cuñado, mi primo, el tío Daniel, mi papi). Antes de oir cualquiera supe inmediatamente que mi abuela María había fallecido. Luego de escucharlos el presentimiento estaba confirmado. La mítica abuelita María, aquella que a los 15 años partío de Chillán a Santiago para cambiar su vida y dejó atrás papás, hermanos, primos y que sin amenazas ni nada llegó a los noventa años lúcida y sin mayores problemas y que entró caminando hace una semana al hospital, ayer nos dejó en cuerpo y ahora descansa en paz.
El fin de semana se despidió de todos e hizo algunos comentarios que auguraban que ella ya estaba cansada de vivir y solamente quería cerrar los ojos y transportarse a la paz que hay después de dejar el cuerpo y solo ser alma, energía y recuerdos para nosotros.
La Kari (mi prima) nos mantuvo al tanto de lo que sucedía con la abuelita y mientras escribo estas líneas lo más probable es que el funeral esté terminando en el cementerio general, en el mausoleo o tumba donde descansa el abuelo y el tío Nano. Tumba de la cual tengo un vago recuerdo de haberla visitado con mi Abuela cuando era niño.
Tan a la distancia es difícil poder reaccionar o poder asumir la despedida. Sobretodo cuando estábamos pensando viajar este año y que justamente le había comentado a la Caro que quería hacerle un retrato fotográfico a la abuelita antes de que nos dejara para que no me sucediera lo mismo que pasó con mi abuelita Fresia a la que nunca le tomé una foto digna. Bueno, las intenciones quedaron en el aire porque ahora ya no hay ni abuelitos ni abuelitas en este mundo ...

Por eso quiero escribir un pequeño homenaje a la Señora María que sin el carácter que tenía no hubiera podido lograr lo que logró: una prole de hijos, nietos y bisnietos. Sin una educación (como la que tenemos todos nosotros) trabajó, ahorró, se casó, tuvo familia, enviudó y crió a sus cuatro hijos (que luego del primer año de dictadura quedaron solamente tres) con sudor, lágrimas, soledad, fuerza de mujer, trasnoches de estar con su máquina de coser haciendo vestidos, arreglando la ropa de sus hijos para que fueran al colegio, consiguiendo el ingreso familiar para darles educación. No hay que desconocer que la abuelita tenía un carácter de mierda, había que hacer lo que ella quería o decía, sus reglas eran estrictas, a veces hasta había que tenerle un poco de miedo, no había que meterse en la cocina porque ese era su templo pero también hay que reconocer que de ese santuario de hierbas, esencias y olores que emanaban detrás de las puertas de ese lugar sagrado salían unas comidas deliciosas y que su carácter poco a poco fue cambiando y aceptándonos a todos como somos.
La abuela María que aunque en un principio no le cayeron bien sus yernos y su nuera pero al final agradecía que sus hijos estuvieran con ellos/a. La abuela María que tenía la cuchara de palo o la escoba al lado por si alguien se portaba mal. Ella que con o sin favoritismos trató de ser justa con todos aunque sus juicios variaran en el tiempo, la misma que en un principio no aceptó a mi hermana con su hija Nanai pero que al final la quizó mucho y descubrió que los niños le daban más alegría y energía y que ahora último con todos los bisnietos estaba super contenta. La abuelita que reunía a la familia en torno a la mesa del comedor de la casa en Conchalí, que para mi parecía quilométrica, y donde disfrutábamos sus onces, comidas, almuerzos y en donde todos nos sentábamos en el puesto habitual: a la cabecera del matriarcado "Ella" y alrededor las hijas, los nietos, los yernos, la nuera, todos....La misma abuelita que en los últimos años de vivir sola cocinaba carnes, choclos, pollo congelados por siglos en el refrigerador o que siempre estaba con planes de hacer cosas y viajar. Incluso estaba pensando en venir a visitarnos a Alemania. Ella, la señora María, no dejó de ser inquieta y activa hasta ayer. Tal vez ya estaba triste y cansada de no poder ser independiente como antes y si consideramos que desde los 15 años manejó su vida, este punto es crucial.
Memorable era su jardín, repleto de plantas, florcitas e incluso árboles (o arbolitos) y donde en verano era tan agradable tomar once a la sombra del parrón. Ese jardín albergó muchos de nuestros juegos de niños arriba del almendro o del techo del gallinero que después pasó a ser una habitación más y una pequeña bodega...ese jardín que parecía selva indómita era mágico porque la abuelita por donde anduviera recogía o cortaba "patitas" de cualquier flor o planta que le gustara y cuando llegaba a la casa la plantaba y de ahí salía nuevamente vida. En medio de esa selva, aunque no lo crean, al fondo, había un columpio y por ahí en 1 metro cuadrado el amigo fiel de la abuelita, el "chespirito", un quiltro hiperquinético que recogió quién sabe de donde. En ese jardín aprendí de la abuelita que todo, todo, todo se recicla, esto lo digo porque cualquier cosa orgánica que comíamos terminaba enterrada bajo tierra como abono o de las pepas que secaba y plantaba volvía a salir otra planta.... todo se recicla y vuelve a nacer vida... así como ahora que la abuelita se despide y nos entregó su vida como regalo.
La abuelita María que solamente hasta hace unos pocos años seguía asistiendo a centros de la tercera edad, se codeaba con los consejales de Conchalí y Recoleta, viajaba tupido y parejo con las giras de sus clubes de la tercera edad y terminó recorriendo el norte y el sur con su grupo de viejitos.... Ella misma que no podía estar tranquila y que tenía que ir al centro a comprar el Pan (a la Selecta de Mapocho) porque sus tradiciones así lo decían, la que se pegaba unos costalazos al subir la micro o la que era arrastrada por el suelo por un ladrón porque no soltaba su cartera cuando se la querían robar y que más encima terminaba retando al malandra, ella misma fue mi abuelita que ahora se despide de todos y que nosotros no podemos estar presentes para decirle simplemente "gracias" porque sin ella ni yo ni ningún primo/a, ningún nieto/a e incluso ninguno de mis tíos (sus hijos) estaríamos vivos y disfrutando de la vida en esta Tierra...
Su presencia y su alma seguirán con nosotros por siempre porque si hay una cosa que recordaremos de ella es que, como lo decían mis primas, la abuelita fue casi inmortal y todos creían que no fallecería nunca sino que se extinguiría o gastaría ya que cada día se encogía más y casi lo logra... si cuando la abrazaba me llegaba al ombligo.... la abuelita ... "la mami" como le decían mis primas chicas... la abuelita María....
Abuelita, simplente gracias por todo y te mando un beso y un fuerte abrazo y solamente te pedimos disculpas con Carolina por no haberte dado otro bisnieto para que pudieras conocer y para que te hubiera alegrado más la vida...
Un beso al cielo que es donde descansas....